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+Info: diferencias entre los delitos sexuales

Existe una confusión constante entre los cuatro tipos de delitos sexuales que alberga el Código Penal ⚖ Estos son el acoso, abuso y agresión sexual y violación. ¿Cuáles son sus diferencias? ¿Por qué en algunos casos mediáticos sí se han sentenciado los hechos como violación y en otros no? En base a esto se encuentra el consentimiento de la víctima, del que hablaré más adelante. Para aclarar estos conceptos voy a detallar de qué trata cada uno y cuáles son sus respectivas penas. ¡Vamos allá! 👇

Acoso, abuso, agresión y violación: los delitos sexuales contra la libertad e indemnidad sexual

Primer delito. El acoso sexual se da cuando alguien solicita favores para beneficio propio o de una tercera persona. Como ejemplo: un jefe o jefa que te dice que solo te dará un ascenso si te acuestas con él o ella. Para que este delito se conforme como tal, la relación entre las partes tiene que ser habitual o continuada como la que podemos tener con un profesor/a, entrenador/a o compañero/a. ¡CUIDADO! Esto no quiere decir que si se da el caso tan solo una vez no podamos denunciarlo. Si es algo aislado se denuncia, pero la relación tiene que ser habitual. En este delito no hay violencia física y la pena de prisión es de tres a cinco meses, y la de multa de seis a 10 meses.

Segundo delito. Agresión sexual. En este caso sí existe violencia y/o intimidación, entendiendo violencia como fuerza física e intimidación como amenaza con arma. Este delito se diferencia del abuso sexual y la violación porque no hay acceso carnal, pero sí algún tipo de tocamiento. La pena es de uno a cinco años de prisión.

Tercer delito. En el abuso sexual sí hay acceso carnal pero no hay violencia, no hay golpes ni intimidación, pero NO hay consentimiento. La pena varía entre uno y 10 años, dependiendo de los agravantes, que los hay, como que la víctima sea vulnerable por su edad o capacidad o si entre ellos hay alguna relación de parentesco.

Cuarto delito. Violación. Se da el acceso carnal, y según señala el Código Penal, además son situaciones donde sí se lleva a cabo la violencia y/o intimidación. La pena es de seis a 12 años, hasta 15 si hay agravantes.

Solo sí es sí

Estos términos están en continuo uso debido a conocidos casos como el de ‘La Manada’ y ‘La Manada de Manresa’. Tras saltar ambos a los medios, la sociedad los consideró como una violación en grupo, mientras que los tribunales dictaron que se trató de abuso sexual. ¿Las consecuencias? Una pena de prisión menor y, por lo tanto, menor justicia para las víctimas y sus familias.

¿Por qué sucede esto? Todo gira en torno a la situación de la víctima en el momento de la agresión. Las mujeres de los distintos casos habían bebido y no opusieron resistencia, así que los jueces hicieron su trabajo y se adaptaron a lo escrito por la ley, que básicamente es que si no se opone resistencia física alguna el delito pasa a ser abuso sexual y no violación. Ellas no dijeron explícitamente «no», pero tampoco «sí».

El cambio pasa por una reforma del Código Penal sobre lo que entendemos realmente como consentimiento. NO es NO, pero el silencio no es un SÍ y no implica ni mucho menos que estés dando tu permiso. Solo sí es sí.

«Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie»

Emily Dickinson

Las sentencias de ‘Las manadas’

⚖ Como aclaración, los cinco integrantes de ‘La Manada’ fueron condenados por abuso sexual (nueve años), pero tras las tremendas represalias sociales en contra de la sentencia y gracias al movimiento feminista (y es que como citaba al inicio del post: «Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie»), el Tribunal Supremo la modificó a un delito de violación, por lo que se elevó a una pena de 15 años.

Por otro lado, ‘La Manada de Manresa’, grupo de jóvenes procesados por agredir a una niña de 14 años en Barcelona en 2016, no ha tenido el mismo final. Cinco de los seis acusados fueron condenados por abuso sexual, es decir, a penas de entre 10 y 12 años, debido a que la menor en aquel momento se encontraba «en estado de inconsciencia» y no tuvieron que usar «ningún tipo de violencia ni intimidación». (Fuente: El Mundo)

Espero haberte ayudado a aclarar tus posibles dudas sobre los delitos contra la libertad e indemnidad sexual. ¡Nos leemos en el siguiente post! ✨

Lecciones en tiempos de cuarentena: No debemos olvidar

Tic, tac. Tic, tac. «Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido», escribió una vez Sabina. Día 24 de cuarentena. Sigo atrapada entre estas cuatro paredes e inevitablemente pienso (y me produce miedo la respuesta) cuándo acabará esto que nos está pasando. Cuando eso pase, ¿le daremos más valor al regalo que es la vida? ¿Dejará de sonar entre nosotros la frase «no tengo tiempo» para aprovecharlo de verdad? ¿Nos olvidamos mientras de otras injusticias que siguen ocurriendo cada día?

Es más, me pregunto también cómo nos encontraremos el mundo, si habrá grandes cambios, y si seremos capaces de seguir con el transcurso del tiempo a nuestras espaldas. De lo que no tengo duda es de que todos nos llevaremos unas cuantas lecciones personales, lecciones en tiempos de cuarentena. ¿Seremos capaces de volver a eso que llamamos «normalidad» o nacerá una distinta?. En aquel momento en el que la monotonía felizmente regrese a nosotros, seremos los afortunados de la oportunidad de volver a vivir.

En este momento, el reloj se ha parado para algunos de nosotros. Se ha atascado para todos esos familiares que han perdido a su/s ser/es querido/s y de una forma que no ha permitido que puedan decirle/s adiós. El enfermo que muere en soledad postrado en una cama lejos de su hogar. Todos aquellos que forman parte del equipo sanitario y que no disponen de EPI’s de calidad, y aún así deben lidiar con pacientes infectados por COVID-19 para luego regresar con su familia y luchar por no venirse abajo delante de ellos. Los pequeños empresarios que ven como su negocio que tanto sudor, lágrimas y constancia les costó, pende de un fino hilo. Aquellos trabajadores que han sido despedidos de sus trabajos. Los animales abandonados o las adopciones por interés. Las personas que viven en las calles.

Las mujeres y los hombres que conviven 24 horas con su mayor enemigo: su maltratador/a y, por lo tanto, pasan los días en un infierno constante. Las personas que siguen muriendo por otras causas o que son diagnosticadas por primera vez y su vida cambia en décimas de segundo. Aquellos niños/as que siguen con sus sesiones de quimio. Y adultos. Y ancianos. Las personas mayores que hoy están más solas que nunca en sus casas o en las residencias. Nos olvidamos. Tendemos a olvidar lo que no nos afecta directamente cuando un problema más grave nos da de lleno y nos explota en la cara. En este caso, es el virus que arrasa con el mundo entero, sin excepciones.

Son las 20:00. Hora de aplaudir. Como cada día, salimos a las ventanas o los balcones a agradecer la labor tan esencial de todos los trabajadores en tiempos de pandemia. Lo que no debemos olvidar tampoco es que, cuando todo esto llegue a su fin, si el sector de la sanidad (o tantos otros) decidieran hacer un llamamiento para mejorar su situación o sus condiciones laborales, también hemos de estar ahí para ellos, escucharles y apoyarles. Se lo merecen por jugarse la vida por nosotros. Por estar al pie del cañón en plena línea de fuego. Se lo merecen ahora y se lo merecían antes.

La risa todo lo cura

Párate a pensar, estamos viviendo grandes lecciones de solidaridad, humanidad, valentía, unidad y gratitud. Estamos abriendo los ojos a los sectores que realmente son necesarios para que el motor de nuestro país siga funcionando. Y, por supuesto, no debemos olvidar la lección personal: durante todos estos días con quien más horas pasamos es con nosotros mismos. Es tiempo de prestarnos atención.

Siempre nos han repetido que el tiempo es oro, que la vida es corta, que vivamos cada día como si fuera el último, que el presente es en lo que tienes que centrarte ya que esas preocupaciones que rondan tu cabeza son asuntos por los que ya te preocuparás más adelante en el futuro. Todo esto está cobrando más sentido que nunca, ¿verdad?. Es ahora cuando nos damos cuenta y pensamos en lo que nos gustaría tener o hacer, todo eso con lo que contábamos antes y no nos parábamos a valorar.

Pensamos también por dónde queremos empezar cuando termine el confinamiento. Echamos de menos las caras de «los de siempre» que ya nos sabíamos de memoria, nuestras costumbres y rutinas, las escapadas y las aventuras. Un sinfín de planes. El sol en la cara, el ajetreo de la ciudad, un abrazo largo de reencuentro, una cena improvisada, una sorpresa, un atardecer con tu compañía favorita… Y la risa. La risa todo lo cura.

Cada día toda esta nostalgia y las ganas se van amontonando creando una montañita que crece por momentos. Espero que sirva para darnos fuerza en el futuro incierto que está por llegar, y que la queja deje de formar parte de nosotros. Estos 24 días han sido duros y también lo serán los que estén por venir. Vamos a no olvidar todo lo que nos enseñe el estar encerrados. Las mejores lecciones deberían permanecer. Ojalá nos duren para siempre y el mundo se convierta en un lugar más humano.

Y tú, ¿has aprendido alguna lección? ¡Nos vemos en el siguiente post! ✨

El acoso callejero, un problema de violencia diario y normalizado

Piropos obscenos, silbidos, miradas intimidatorias, exhibicionismo, tocamientos, proposiciones sexuales, persecuciones, fotos sin permiso… Todas estas palabras son actos que ocurren en la calle diariamente, y entran dentro de lo que se denomina acoso callejero. El 47% de las mujeres españolas entre 18 y 34 años se han sentido acosadas, según datos de Metroscopia. Tiempo atrás quise indagar en esto y pregunté a varias mujeres si habían vivido situaciones en las que hubieran sentido miedo a ser agredidas, en concreto al ir solas por la calle. Todas respondieron que sí. El acoso callejero es un tipo de violencia diaria y que incluso, en la mayoría de casos, lo hemos llegado a normalizar.

Sacar las llaves del bolso y sujetarlas entre los dedos para sentirte más segura. Ese taxista que espera a que entres a casa si has salido de fiesta o vuelves tarde, y tú que agradeces que lo haga por si las moscas. Aligerar el paso si notas que tienes a alguien detrás porque no sabes si te está siguiendo o pedirle a algún amigo/a que te acompañe hasta el coche. Cambiarte de acera de noche al escuchar que hay un grupo de personas que se acerca. ¿Te suena alguna de estas situaciones? He entrevistado a dos mujeres que prueban que el acoso callejero es un problema diario y normalizado en nuestra sociedad.

«Me lleva pasando desde los 15 años»

Sara (31 años): «Hace no mucho un chico me mandó una foto de sus partes íntimas por Whatsapp sin habérselo pedido, fue una situación muy incómoda. Le eliminé, no quise volver a saber nada más de él. Otra situación que no olvido es que cuando era menor, de camino al instituto, un hombre bastante mayor se paró con su coche a mi lado y pensé que me preguntaría una calle o algo por el estilo. Resultó que se estaba masturbando mientras me miraba. Me quedé en shock, no sabía como reaccionar o qué decir y a partir de ahí mis padres estuvieron una temporada acompañándome al instituto porque me daba miedo».

Kiara (20 años): «Vamos por la calle ya sea solas, acompañadas (a mí incluso me ha pasado con mi madre), y tenemos que aguantar que, por ejemplo, una persona que me supera y hasta me duplica en edad se quede mirándome con deseo e incluso se muerda la boca o me diga algo al pasar a mi lado, y lo único que puedo hacer es pasar del tema. Ahora está mas mediatizado y se oye más, pero a mí me lleva pasando desde los 15 años. Antes quizá lo máximo podía ser que me pitaran desde una furgoneta, pero ahora es más fuerte, se acercan, te dicen cosas a la cara… Tú te refugias en que es de día, que son las tres de la tarde, así que no te puede pasar nada más allá. Es un asco. Te puede pasar tanto de noche, de día, en el autobús, con tu hermana, de camino al trabajo…»

Los ataques más frecuentes de violadores suceden entre las 5 am y las 8:30 am.

Sara: «Es habitual que cuando salgo con mis amigas a alguna discoteca nos sintamos incómodas en algún momento de la noche por un grupo de chicos que no nos dejan en paz. Si por ejemplo te tocan el culo no puedes decir nada porque te buscas un problema».

Planeta Violeta: ¿Qué clase de problema?

Sara: «Si te enfrentas a ellos encima quedas como que estás loca. Me han llegado a negar que me han tocado el culo sin mi consentimiento». Añade, además, que «siempre que vuelvo a casa me da miedo por las cosas que vemos que pasan casi todos los días. Entre mis amigas es habitual que nos avisemos por seguridad y para quedarnos tranquilas, y con un «he llegado bien» nos basta.

El «avísame cuando llegues a casa», una de las frases más recurrentes

Estos testimonios tan solo son una pequeña parte de todo lo que ocurre ahí afuera. Yo misma suelo avisar cuando llego y un sencillo «casa» vale. Si te paras a pensar esta es una práctica habitual y no nos damos cuenta de cuál es el motivo real por el que lo hacemos. Porque tú y tus amigos/as pensáis que tan solo por ir sola de noche estás en peligro, que puede que vivas situaciones desagradables que te hagan correr, sentir miedo o simplemente impotencia por nunca saber qué decir en el momento y quedarte callada.

Por un planeta más seguro en el que podamos caminar por la calle sin miedo a ser agredidas. Si quieres leer más sobre el acoso callejero, Plan International ha elaborado un informe titulado («In)seguras en la ciudad: las experiencias diarias de niñas y mujeres jóvenes» donde participan niñas y mujeres de Madrid (España), Kampala (Uganda), Lima (Perú), Nueva Delhi (India) y Sidney (Australia). La investigación muestra y confirma que el acoso callejero es una problema global.

¡Nos leemos en el siguiente post! ✨

+Info: casas de acogida para mujeres víctimas de violencia de género

Lo primero de todo, ¿a qué llamamos casas de acogida? Son unos recursos que ofrecen algunas Comunidades Autónomas de España para las mujeres víctimas de violencia de género y sus hijos, en el caso de que los tuvieran. Para explicar esto con más detalle he tenido el placer de entrevistar a C.T. (prefiere mantenerse anónima), especialista en violencia de género.

Las mujeres maltratadas junto con sus hijos pueden ser acogidas en hogares temporales para huir de la violencia sin ser necesaria una denuncia previa (así es en Andalucía, Madrid, Baleares y Asturias). ¿CÓMO FUNCIONAN? Esta especialista conoce de primera mano el funcionamiento de este procedimiento en Andalucía. Hemos charlado por teléfono y me ha explicado cómo funcionan estos hogares de atención entre los que se encuentran los centros de emergencia, las casas de acogida y los pisos tutelados.

Tres niveles de atención, que dependen del nivel de intervención necesario

C.T.: «El centro de emergencia es el primer lugar donde la mujer llega tras interponer denuncia o bien tras demandar ayuda, ya que en Andalucía no es necesario denunciar para acceder a los centros, por lo que las mujeres pueden ser protegidas sin necesidad de hacerlo. Aquí están de forma breve en una estancia corta, entre 48 y 72 horas. Se les ofrece toda la información necesaria relativa a su proceso y las alternativas con las que cuenta. Lo más indicado es que denuncien, pero no todas las circunstancias son iguales y, en ocasiones, es necesario una acogida sin denuncia previa.

El trabajo que se realiza es el siguiente: la mujer recibe ayuda psicológica por un/a trabajador/a social, asesoramiento legal y la ayuda de los/las auxiliares sociales que están siempre pendientes de sus necesidades más básicas. La estancia es variable, depende de la situación. Cuando una mujer y su hijo están en este centro no todas pasan a las casas de acogida, es decir, al segundo nivel. Una vez que la mujer decide que quiere ser acogida pasa a otra provincia por cuestión de seguridad. Se le traslada para que inicie una nueva vida libre y plena».

El objetivo de las casas de acogida es lograr la independencia económica

C.T.: «En la casa de acogida se ofrece manutención, se le cubre todo tipo de necesidades. Algunas mujeres salen con lo puesto, hasta descalzas, al haber salido corriendo. Incluso hay mujeres que se las ha recogido en el hospital tan solo con una bata. Se les proporciona las necesidades básicas familiares como ropa, tratamientos farmacéuticos y también ropa para los niños y su material escolar. El tiempo de estancia también varía dependiendo de las circunstancias. ¿Qué es lo que más se trabaja con ellas? La independencia económica, porque es lo que les abre las puertas a una nueva vida».

Planeta Violeta: Desde luego que hacéis una labor esencial en ayuda a estas mujeres y sus hijos. El último nivel serían los pisos tutelados, ¿qué procedimiento se sigue para ofrecer este recurso?

C.T.: «Cuando el equipo de la casa de acogida -de acuerdo con la mujer-, que ya establecieron anteriormente unas pautas y objetivos, estiman que la mujer está preparada para la independencia, se le ofrece la opción de pasar a los pisos tutelados. Normalmente están situados en zonas urbanas y aquí es donde pueden iniciar una vida independiente donde se empiezan a hacer cargo de sus pequeños gastos, pero sin tener que pagar la cuestión habitacional. Una vez que termina el periodo de adaptación a la vida normal que buscan los pisos tutelados, se procura la salida de la mujer ayudándola a encontrar una vivienda, se le ofrece apoyo psicológico para ella y los menores, y apoyo en el área social».

Los pisos tutelados procuran dar salida a la mujer

C.T.: «Evidentemente no todas las mujeres que denuncian pasan por casas de acogida. El funcionamiento de estas casas en Andalucía es un recurso pionero en España desde 1998, año en el que es asesinada Ana Orantes. Desde ahí los gobiernos empezaron a trabajar en las cuestiones de violencia de género, que es un grave problema que se encuentra en todos los estratos sociales. Hemos trabajado con familias en exclusión y otras con muchos recursos económicos, pero igualmente eran mujeres que se encontraban solas y no querían reconocer que tenían un problema de violencia en su hogar».

Las casas de acogida logran salvar vidas

C.T.: «Las casas suponen unos recursos imprescindibles para las mujeres que necesitan un apoyo incondicional y una salida a su situación. No hay que olvidar nunca que lo que se salva en las casas de acogida son vidas. Son más de 70 mujeres las asesinadas cada año, además de menores. Estas casas proporcionan protección, acompañamiento legal, social y psicológico. Es, además, la oportunidad de que una mujer (y sus hijos si los tuviera) cambien su vida, empiecen de cero y vivan una vida libre de violencia».

Planeta Violeta: Esta labor es realmente necesaria y, en definitiva, esencial para ayudar a las víctimas de violencia de género y, como tú misma has comentado, salva vidas. Muchas gracias C.T. por todo aquello que engloba tu trabajo y por compartir tu experiencia en el blog violeta.

Espero que esta información te sea útil. ¡Nos leemos en el siguiente post! ✨

Volver a escribir: nace Planeta Violeta

¡Hola! Soy Carmen Poza, me gradué en Periodismo 👩🏼‍💻 en la UCM allá por 2018 y actualmente curso estudios de Social Media y Community Manager en IM. Me gustan las redes sociales, por lo que decidí lanzarme a este mundillo que abarca tantas posibilidades. Me defino como una persona curiosa, que prueba y prueba diferentes cosas para dar con la que más le apasiona.

Durante la universidad, trabajé en el diario El Mundo y pude vivir y apreciar lo que conlleva dedicarte a la profesión dentro de un gran medio de comunicación. Seguí aprendiendo en el interior del edificio del Grupo Zeta como redactora web -y durante un tiempo también como CM- en una de sus revistas de moda. Además, OMC Radio me abrió sus puertas y aprendí sobre producción y otras tantas cosas que ya tenía olvidadas en algún lugar de mi mente.

Como curiosa que soy también he estudiado nociones de Criminología porque siempre ha sido una ciencia que ha llamado mi atención y quería saber y profundizar en ella. Di tanto la lata que incluso unas buenas amigas me regalaron un libro sobre ‘serial killers’ cuando soplé 24 velitas. Ellas me conocen bien. El género policíaco me chifla, pero sobre todo si es cuestión de series 🤩 Me considero toda una seriéfila. Sin embargo, no sé mucho de cine 🤷‍♀️ Me muerdo las uñas y soy un pelín desastre, pero también soy risueña y soñadora.

Llevaba tiempo queriendo crear un blog profesional donde poder hacer lo que me gusta y que muchas veces he dejado de lado: escribir. Como temática he elegido el feminismo, movimiento social que desde hace unos años -y poquito a poco- voy conociendo más. Mi Trabajo de Fin de Grado giró en torno a él, lo dediqué a campañas mediáticas como el #MeToo y #Time’sUp, a los delitos contra la indemnidad y libertad sexual y al acoso callejero. Sin duda, trataré de acercarte todos estos temas en este blog violeta.

Por aquí compartiré mis pequeños conocimientos, publicaciones donde mi objetivo es informar, entrevistas, opiniones… Así que si quieres quedarte, tan solo tienes que ponerte las gafas violetas y adentrarte en este planeta 🌍 ¿Te vienes? ¡Hasta pronto! ✨

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